Lo que no hay que olvidar…

Hoy estoy siguiendo el #siapBILBAO. Aún no he podido ir a ninguno. No importa.Me encanta sentirme enredada con la gente que va, lo que hablan, sienten o comparten. Y siempre desde la distancia me he sentido una más. Llevo muchos días pensando en lo que allí se va a compartir. Y hoy a leer algunos tuits me he emocionado mucho.

Llevo unas semanas con la lágrima justito allí en el borde del ojo…porque debido a una cuestión académica  en mi vida he tenido nervios, agradecimiento, entusiasmo y nostalgia. Y claro llevo días que al hacer un parón personal en una de esas metas móviles que nos regala la vida, he estado recordando el porqué de elegí ser médica.

Yo iba para Bióloga y un mes antes me cambie a Medicina porque no llegaba en casa el presupuesto para estudiar fuera de mi ciudad. Y elegí Medicina porque me gustaba la gente a rabiar. Medicina tenía mas parte social que veterinaria, y así mi militancia en temas sociales donde andaba ya metida pues tenía más que ver. Así que yo vocación vocación de esa tipo “revelación”  ni pizca y la verdad que al principio me sentía un poco, bastante  rara cuando la gente me preguntaba que iba a estudiar..Mi padre alarmado llamo a escondidas mías a mi tutora y le preguntó si debía hacer algo conmigo porque estaban preocupadísimos por mi decisión que seguramente estaría abocada al fracaso más absoluto debido a mi poca y escasa vocación y premura decisión. Nunca podre agradecer a aquella profesora el que tranquilizara a mi padre y a mi familia.
Unos meses mas tarde descubrí que probablemente no me había equivocado de carrera cuando un profesor de Anatomia, René Sarrat, nos dijo en su primer día de clase…que si pensábamos que estábamos allí para curar siempre que nos fuéramos cambiando de estudio…porque al final de los seis años que nos esperaban, lo único que íbamos a hacer siempre era acompañar  y consolar. Nunca podré agradecer a aquel profesor el que me tranquilizara tanto, creo que por eso saque muy buena nota en la asignatura.
A lo largo de mi paso por la facultad, descubrí a compañeros algunos cursos por delante mío (Luis Gimeno, Fernando Barrera, Ernesto Barrera, Rosa Macipe entre otros…) que me descubrieron que había una especialidad de algo de familia y comunitaria, …y pensé que quizá no me había equivocado  tanto de sitio y que tenía una oportunidad para mi vida a través de aquel trabajo. Nunca podré agradecerles el que me hablarán de estas cosas, me llevaran a hacer guardias con ellos o me asesoraran cómo preparar el MIR :).
En sexto descubrí la preventiva  de manos de Carlos Aibar y  también sentí que bueno que tras seis años  no me había  equivocado tanto de carrera. Aquella asignatura  me pareció estupenda en especial la parte de promoción de la salud, y  me puso la puntilla para decidirme a ser médica de familia. Aún recuerdo como para hacer el doctorado en su programa Carlos me pidió que escribiera  una carta explicando los motivos  por los que  una MIR médica de familia quisiera hacer el doctorado en un programa en salud pública…Los motivos me los copie tal cual del libro de Ahston “la nueva salud pública”,  el libro de Alain Rochon de Educación para la salud y del Black Report Inenqualities in health  del Peter Townsend que fue el souvenir que me compré cuando estuve en Londres viviendo antes del MIR . Nunca podré agradecer la apuesta de algunos profesores por el apoyo constante.
El primer día de R3 como residente en mi centro de salud en el Barrio de Valdefierro donde descubrí la parte comunitaria que me tenía preparada mi especialidad, y cuna de algunos de los primeros residentes de MFyC aragoneses con los que años después iba aprender muchísimo a nivel profesional y personal (Rosa Magallón, Carlos Coscollar, Mª Jesús Soler…y tantos otros…)…me olvidé el fonendo…y mi agobio fue total: estaba claro que yo no tenía remedio ¿cómo se me podía olvidar?…yo es que no servía para esto…Así que entré a la consulta de mi tutor Fernando Orozco (con el que la coordinadora de la Unidad Docente, Olga Frisas, había decido ponerme porque habían detectado que a mi me iba a gustar mucho esto de la primaria…) y le pedí avergonzada disculpas, y me justifiqué con el lío de las guardias y demás. Fernando me miró, me invitó a entrar, se sonrió y me dijo. “Aquí en esta consulta,Belén, lo que nunca hay que olvidar es mirar a la gente a la cara y que en la mesa esté la caja de pañuelos”
Y sentí nueve años después, aliviada al fín, que no me había equivocado y que estaba en uno de los sitios más especiales: al lado de la gente
Olga, dónde quiera que vaya la gente buena como tú cuando la enfermedad se las lleva…nunca te podre agradecer el regalo de que Fernando Orozco fuera mi tutor.
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